Llevamos 17 meses imbuidos de manera monotemática en la pandemia y sus derivadas. Ni siquiera las distintas elecciones tanto en España como en USA han conseguido desbancar al Covid de las portadas -salvo la marcha de Messi- Y de pronto, cuando casi nadie se lo esperaba, los talibán vuelven a tomar el poder en Afganistán. Los diarios del mundo entero han girado hacia ese país maldecido por las guerras. 

Las lecturas y enfoques que se pueden realizar son numerosos. El geopolítico: para Rusia es ya un viejo conocido que provocó humillación y muchas muertes durante años hasta que aceptaron la derrota. Los norteamericanos fueron a vengarse de Al Queda después del 11S y se quedaron con la misión de frenar las tendencias radicales y pacificar el país. No sólo no lo consiguieron, sino que la segunda hornada talibán presagia sufrimiento para rato para todos los afganos. 

La UE, España incluida, siguió el camino marcado por USA y se va también derrotada después de dejar las vidas de muchos soldados, que fueron allí convencidos de que serían los salvadores de la infamia terrorista. El enfoque económico no es desdeñable: Afganistán es un país con recursos minerales aún sin explotar, que ahora pasarán a estar bajo el control talibán, una herramienta de negociación interesante para chinos y rusos, que tratarán sin duda de recuperar ahora la influencia económica y geopolítica en la región. Ellos se quedan. 

Además, el afgano es un mercado de gran consumo de armas de toda índole. Seguro que son muchos los que habrán ganado mucho dinero a costa de tantos años de conflicto. Las guerras siempre son un buen negocio para algunos. 

…Y la Sharía, la Ley Islámica, piedra angular del nuevo régimen que recoge todo lo que queda prohibido para todos los habitantes del país. Indudablemente las mujeres afganas son las más afectadas. Tal vez este elemento sea el que más titulares genera, el que más adjetivos de horror produce, el que más impacta a la población occidental. 

Es probable que el propio líder talibán esté sorprendido de que lo que más le reprochen sea volver a convertir a las mujeres en seres invisibles, encerrarlas en sus casas, ocultarlas del mundo y ponerlas al servicio de lo que el islam manda: servir al hombre. En su código de conducta religioso extremista les debe resultar difícil entender que un ser inferior como la mujer pueda provocar tanto interés y preocupación.  

Las afganas saben que, a pesar de alguna declaración de indulgencia, lo que les espera es la aplicación estricta de la ley islámica y que, si en algún momento recuperaron algunos derechos, ahora vuelven al medioevo. Parece mentira que en pleno siglo XXI a las mujeres se les trate como a los animales, se les niegue la libertad de movimiento, el acceso a la educación y se les condene a ser esclavas/sirvientes de sus maridos, hermanos o hijos, mientras que las potencias democráticas del mundo se retiran en silencio, sin alzar la voz porque esta batalla ya no les interesa o no les compensa. 

Hemos visto a muchos criminales en los tribunales de justicia internacionales respondiendo de crímenes de lesa humanidad. ¿Acaso la usurpación de todos los derechos y el castigo permanente sólo por haber nacido mujer no debe tener la misma consideración? Me pregunto si lo único que puede hacer Europa es una vaga declaración de intenciones: facilitar la salida de los afganos que hayan colaborado con las fuerzas aliadas.  

Afganistán a partir de ahora volverá a actuar como detonador del extremismo islámico y yihadista en el mundo. La Sharía no es una ley talibán, es una ley islámica que Estados y movimientos musulmanes de todo el mundo pueden volver a hacer suya…

También en Europa.

 

Foto: @Luis_Cobas